No lo había pensado, es una excelente idea. ¿Sabes?, de verdad lo serías, cuando me ofrezcan alguna película le hablaré al director o a mi representante sobre ti.
Solo estaba bromeando, pero si quieres adentrarme en el mundo de Hollywood está bien. Dile que soy una comediante nata y que me gustaría trabajar con Ashton Kutcher o Adam Sandler.

Está bien. Espero no tener que trabajar en un largo tiempo.
Y si llegas a hacerlo, haz que me contraten como tu co-protagonista. Sería una excelente actriz, lo sé.

Rodó los ojos ante el comentario de la chica y luego enarcó una de sus cejas -¿Has escuchado que las cámaras te hacen engordar?, es totalmente cierto, necesito mantenerme delgada para verme delgada en la pantalla- mustió sin mucha expresión en su voz, queriendo dar aquel tema como terminado. Una leve sonrisa escapó de su inexpresivo rostro al ver la reacción de la castaña -Si te portas bien conmigo, podría darte todos los números que gustes- respondió con tono bromista para luego torcer sus labios. Pudo sentir una emoción recorrer su cuerpo al enterarse que nadie la había remplazado, estaba segura que si Sam le hubiese dicho que tenía otra mejor amiga el sentimiento que recorrería era el de celos y envidia también. Había sido su culpa alejarse de la chica sin embargo no podía imaginar verla teniendo el mismo tipo de amistad que ellas tuvieron con otra persona. El cambio de expresión que su amiga había tenido también había llamado su atención, no podía dejar de notar como los años le habían hecho cambiar y para mejor, estaba completamente bella, se sentía extraña pensando así sobre una chica pero no haría nada por cambiar su percepción al ver a la morena. Entrecerró sus ojos pensando la pregunta y luego sonrió levemente -¿Qué acaso no son lo mismo?- bromeó - Para que te vaya bien en Hollywood debes sacrificar algunas cosas- agregó un poco más seria. Aquellas palabras salían directamente de su interior. Ella tuvo que dejar cosas tan simples como el chocolate y a la vez cosas tan profundas como su amistad con la castaña. Habían días enteros en los que se arrepentía y deseaba volver, claro que nadie debía saber lo que pasaba dentro de ella. Todas esas emociones estaban guardadas en su corazón junto a las veces que necesitó un abrazo de su mejor amiga. -Lo sé- contestó al instante arrugando su nariz - Te pagaré todo el tiempo que te debo- sonrió bebiendo un poco de su café. No contuvo una leve carcajada que salió de sus brazos, le tomó unos segundos hacerlo pues la gente podría verlo como algo estúpido, sin embargo levantó su taza de café y la choco levemente con el frappuccino de la chica -salud-dijo con una sonrisa y bebió de su café. Aquellas cosas que parecían tontas según ella eran las que más extrañaba. -¿Me llevarás a algún lado después?- observó a la chica con una sonrisa expectante, esperaba por último ir y sentarse en algún parque. En el fondo tan sólo quería compartir con la joven.
Como Samantha solía ser muy insistente y fastidiosa, soltó unas carcajadas enérgicas y negó con su cabeza. -Podrías ser uno de esos modelos a seguir que no les importa estar pasadas de peso y hacen sentir bien a las gorditas sin autoestima. Como… Adele- Bromeó ocultándose detrás de su vaso, tratando de quitarle la mueca vacía y seria de su rostro para que sonriera tal como a ella le gustaba; detestaba verla tan seria y estirada. -¿De verdad? Seré un ángel a partir de ahora- Abrió sus ojos con sorpresa al escucharla, enderezándose en la silla y actuando como una verdadera señorita por unos instantes, ofreciéndole una servilleta con acento español y un habla demasiado correcta para su gusto. Seguido de eso volvió a erguirse y le sonrió con una carita adorable y encantadora. Si continuaba con todos estos esfuerzos que en realidad le salían con naturalidad, lograría convertir a esta estrella de cine frente a ella en su amiga llena de vida, con las mejillas regordetas y ruborizadas, la sonrisa brillante y real y los ojitos achinados y dulces. Cosquillas recorrían su estómago ante este recuerdo. ¿Estaría mal? -Sí… Tienes toda la razón. Por eso te admiro- Soltó embobada, sujetando su rostro entre sus manos y los codos apoyados en la mesa. -Quien sacrifica cosas por su pasión es muy valiente- Finalizó con la misma seriedad que ella había impuesto. Ella jamás había sacrificado nada por nadie, era una vaga perdida en la tierra y que no sabía que camino seguir. Todo lo contrario a Becca, tan bonita, firme y decidida. Un verdadero modelo a seguir que a veces mantenía en un pedestal para poder seguir adelante. Después de aquel divertido brindis y de que Sam diera un largo trago a su frapuccino, así acabándoselo, asintió con entusiasmo ante su petición. -Claro, podemos ir a donde quieras…- Dijo luego pensativa. -¡Ya sé! Podríamos ir a ese parque al que siempre íbamos, después a ese lugar en donde siempre estaba lleno de perros y luego a mi apartamento a ver una película. ¿Qué dices?- Sugirió sin saber precisamente con toda la cantidad de ideas que habían cruzado su cabeza. Habían cientos de cosas que quería hacer con Becca y esperaba poder hacerlas todas.
(Source: samcollin-s)
De verdad, es que todo aquí es más tranquilo. No suenas egoísta en absoluto, no te preocupes.
Espectacular, porque no quiero devolverte a los estirados ricos de Hollywood.

No digas eso. No quiero pensar en volver.
¿De verdad no quieres? Sonaré egoísta, pero, tampoco querría que lo hicieras.

¿Si?, a mi me alegra sentirme así…
Entonces disfrútalo al máximo antes de que vuelvas a irte.

-Lo recuerdo- dijo abriendo los ojos mostrando sorpresa, algo dentro de ella le hizo desear haber estado en su graduación, haber terminado la escuela de una forma normal y no con clases particulares. Negó con la cabeza -no digas la palabra engordar o no comeré nada- intentó decirlo en un tono bromista pero era verdad, no debía engordar y con tan sólo escuchar esa palabra se le quitaba el apetito. Se quedó en silencio cuando su amiga le pedía a la camarera las cosas, luego de que ésta se fue volvió a mirar a la chica. Escuchó su pregunta, no tenía ganas de hablar de si misma, siempre lo hacía y terminaba siendo agotador, sin embargo le respondería de todas formas, ambas debían ponerse al día con sus vidas, ¿no? -Tuve la oportunidad de conocer a Taylor Lautner y a algunos de esa película de vampiros en una entrega de premios- comentó asintiendo con la cabeza -puedo darte su numero si gustas- bromeó antes de volver a hablar -conocí a varias personas, algunas habían ganado miles de premios pero ninguna parecía ser perfecta para ser mi mejor amiga- confesó. Había conocido a tantas personas, debía admitir que eran agradables pero con ninguna había creado una conexión, ni una amistad como la que tenía con la castaña que se encontraba frente a sus ojos. Se quedó callada un momento y luego la miró directamente a los ojos -lamento haberme alejado, Sam- se disculpó sin más. Realmente lo lamentaba y debía decirlo, tal vez así se sentía un poco mejor. La culpa de haber dejado a su amiga sin razones se había mantenido a lo largo de los años, ya era tiempo de dejar el orgullo de lado y poder pedir disculpas, al menos a ella era quien definitivamente merecía una disculpa. Se quedó callada sin saber que decir, no era algo que le pasara muy seguido sin embargo le pasó en aquel momento. La camarera no tardó en llegar con lo que habían pedido, dejando frente a ellas lo que habían pedido, le agradeció haciendo un leve gesto con su cabeza y espero a que la chica se fuera. -Chocolate- dijo antes de probar un poco de su pastel -juro que ya había olvidado el sabor- rió levemente sin exagerar, había olvidado incluso lo delicioso que era dejar derretir el chocolate dentro de su boca. Comprendía porque la mayoría de las personas amaba ése dulce, era exquisito. Probó un poco de su capuccino sin ponerle azúcar, se había acostumbrado a tomar cosas sin ésta y ya no encontraba que hiciera falta. -¿Es posible que nos veamos seguido?- preguntó mientras volvía a comer otro trozo de su pastel -quiero recuperar el tiempo que perdí con mi mejor amiga- mostró la típica sonrisa pequeña que siempre tenía para mostrarle a los demás que estaba bien, aunque esta vez quería sonreír. Era extraño para ella volver a sonreír teniendo ganas de hacerlo y no por simple obligación.
Dejó salir una sola risa incrédula y tonta, una sola, era extraño para ella que alguien cercano estuviese demasiado preocupado por las calorías que un alimento pudiera agregarles a su grasa corporal. -¿Es enserio, Becca?- Esperaba que no, que solo fuese una simple y mala broma como las que siempre solía hacer su morena favorita. -Ni que tuvieses algo de peso extra, es más, yo diría que te falta- Negó con la cabeza, encogiéndose de hombros momentos después. Sam tendía a ser sincera sin importar si lo que decía tenía repercusiones buenas o malas. En este caso, eran casi buenas. Alzó sus cejas bastante sorprendida al escuchar que sí lo había hecho, no es que fuese una fanática desquiciada por esos artistas, pero escuchar el peso que tenía Rebecca en el mundo de Hollywood aún era un tanto inquietante. -¿Qué estás esperando? Tienes que darmelo, ahora- Exclamó graciosa, siempre a modo de chiste sin mucha importancia. Su cara de risa se disipó y un gesto más dulce y suave decoró su rostro, haciéndola ver mucho más bonita de lo normal. -Me alegra oír eso. Y déjame agregar que ninguno de estos perdedores pudo siquiera acercarte a lo que eres para mí- Soltó sin pensarlo demasiado, recostando sus brazos sobre la mesa y mirándole de manera especial. -Y no te disculpes, lo importante es que ahora haz vuelto- Intentó sonar pasiva y cariñosa, cosa sumamente extraña en ella. Le vio demasiado callada tras su disculpa y aquello no le gustaba. Gracias a Dios, la camarera apareció con las órdenes. Sam atacó rápidamente sus donas y dio un largo trago a su frapuccino, echándose a reír una vez que tuve su boca vacía. -¿Estabas en Hollywood o en una prisión?- Interrogó soltando una nueva carcajada y dando otro trago a la bebida en sus manos. En ese instante, Rebecca parecía todo un fenómeno, un borreguito criado en una granja de cuarta y liberado tras vivir aprisionado por un largo período de tiempo. -Claro que es posible. Es más, me encantaría hacerlo. Me debes mucho, Jensen- Tan solo la idea de pasar mucho más tiempo con quien solía ser su compañera de jugarretas, lágrimas y estupideces le entusiasmaba a nivel de niña pequeña e infantil. Mostró sus dientes alegremente como ademán de aprobación y alzó su vaso plástico que contenía el frapuccino. -Un brindis por nosotras. Por estar juntas de nuevo y recuperar todos los años desperdiciados- No pudo evitar soltar un par de risas al decirlo.
(Source: samcollin-s)
Me alegra mucho escuchar eso. Muchísimo.

No puso objeción alguna cuando Sam tomó su brazo, no le importaría mucho si se malinterpretaba, sabía que no sería verdad. Le escuchó hablar y soltó una risa baja con lo último que dijo -Creo que te iría bien en lo que quisieras estudiar, siempre has sido alguien inteligente- la miró de reojo para seguir caminando. Escuchó su respuesta y sonrió, cuando la castaña señaló con el dedo buscó el lugar con la mirada, no alcanzó a divisarlo con claridad cuando la chica ya había tomado su mano para salir corriendo. -No…-dijo mientras corría - correr es malo- rió levemente y siguió con la chica hasta llegar al lugar. Buscó una mesa que fuera agradable y tomó la iniciativa para ir a sentarse allí. Colgó su bolso en la silla en la cual se había sentado y miró a Samantha -Tomaré un capuccino- dijo con decisión. No se le antojaba otra cosa, se había acostumbrado a comer así, podía tomar té con galletas o un capuccino solo. Ladeo la cabeza levemente -Cuéntame más de ti- puso sus manos sobre la mesa -quiero saber lo que has hecho en estos diez años- realmente era algo que le interesaba saber. No le importaban muchas cosas pero saber que había pasado con Sam en todo ese tiempo - Quiero saber hasta los chismes de la graduación- dijo en un intento de broma. El ser bromista nunca fue algo de ella, todo lo cómico le quedaba mejor a Sam. Recordaba que siempre habían sido tan distintas, en todo tipo de cosas sin embargo de una extraña manera se llevaban bien y conectaban de cierta forma. Cuando decidió alejarse de ella inconscientemente se le hizo difícil recordar cuanto quería a aquella chica que en aquellos tiempos parecía entenderla a la perfección. Volver a pasar un rato con ella traía todos esos recuerdos y sentimientos a flote. Cuando era realmente feliz y cuando se sentía plena. Claro, en ese tiempo era sólo una niña, no tenía preocupación alguna pero extrañaba sentirse así. Ya casi olvidaba como era el sentirse feliz. Empezaba a pensar que tal vez no fue mala idea volver. Quizá pasar tiempo con Sam le haría recordar las cosas que la hacían sentir completa. -Me dieron ganas de comer un pastel- dijo luego de ver a una señora sentada a unos metros de ella comer un pastel -Voy a querer un capuccino y un pastel de chocolate- Podría jurar que llevaba demasiado tiempo sin comer nada de chocolate, no estaría mal romper su dieta por ese día.
Una sonrisa suave y dulce hizo presencia en su boca. Siempre le había gustado la manera en que creía en ella a pesar de todo, solo en una frase le dio más ánimos que su propia familia en veinte años de vida. Cada segundo recordaba el porqué quería tanto a esa chica caminando a su lado y le honraba con el título de mejor amiga. -Oh vamos, no seas perezosa- Soltó una risa burlesca y divertida, haciéndola correr hasta el lugar de todos modos. Una vez que se instalaron en una mesa, Sam tomó uno de los pequeños menús y buscó algo que ordenar. Siempre había sido indecisa, no como Becca, que había escogido su orden en un chasquido de dedos. Le miró sorprendida, pero no hizo comentarios de ningún tipo. -De mí…- Repitió varias veces, frunciendo los labios. -Deja ordenar mis ideas- Explicó, fingiendo que tenía cosas muy interesantes para contarle. En realidad, no había mucho que contar de ella, desde que Rebecca se había marchado de la ciudad su vida se había tornado monótona y rutinaria. No tenía otra mejor amiga con la cual realizar travesuras, solo gente hipócrita y pesimista. -Bueno, Stevens se bajó los pantalones al recibir su diploma. ¿Lo recuerdas? El bajito que parecía duende y se picaba la nariz- Le continuó la broma, soltando una risa relajada y fresca al final. Oh, como extrañaba aquellas conversaciones con su amiga. -Genial, engordemos sin culpa- Exclamó frotándose las manos, también con ganas de comer algún pastel, por lo que no tardó demasiado en llamar una de las camareras que se encontraban cerca para que tomara su orden. -Disculpa, ¿me traerías un frapuccino con unas donas rellenas, y un capuccino con un pastel dechocolate? Gracias- Murmuró con una sonrisa algo forzada, entregándole los menús sobre la mesa e indicándole que podía marcharse. Sam no era la indicada para mostrarse educada y encantadora todo el tiempo, asunto que molestaba a algunos miembros de su familia. Existían momentos en los cuales parecía un chico por completo. -En fin, yo también quiero saber de ti, Becks. ¿Conociste algún famoso guapo? ¿A Taylor Lautner? ¿O Leonardo DiCaprio?- Bromeó alzando sus cejas y haciéndole gestos graciosos. Sinceramente, lo único que quería Sam era descubrir que le había ocurrido a su mejor amiga durante todos esos años. Quería encontrar el porque su mirada lucía distinta aunque le tomara todo el tiempo del mundo.
(Source: samcollin-s)
-Oh, vamos- dijo con un tono algo divertido -6 minutos no es nada, a parte hice lo posible por llegar temprano- la observó fijamente por unos segundos. Su mirada parecía estar intacta. Al ver sus ojos podía sentir que nada nunca había cambiado. Aún tenía aquella sonrisa alegre y esa nariz respingada. El hecho de mirarla la hacia pensar que nada había cambiado. -Claro, tendrás que guiarme porque no creo reconocer las calles- contesto. Siguió a su amiga. No mostraba mucha expresión en el rostro pero podría decir que le alegraba volver a compartir con la castaña. -Cuéntame más sobre ti- dijo para romper el silencio entre ambas -¿Así que estás estudiando enfermería?- de cierta forma le sorprendía que Sam estudiara enfermería, pero no importaba si ella estaba feliz con aquello.
Mientras parte de su mente tomaba atención a lo que pasaba en su exterior otra parte recordaba momentos que había pasado con Sam. Todos esos lindos momentos de larga amistad. Aquellos recuerdos eran una de las cosas que le ayudaban para no darse por vencida. Aún guardaba las fotografías, los dibujos y otras cosas que parecían no tener significado para los demás aunque para ella tenían mucho significado. Lentamente se fue sometiendo a sus pensamientos, recordando los días de vacaciones y los días de escuela también. Cuando ya tomó conciencia agito con un movimiento leve la cabeza, volvió a mirar a la castaña y nuevamente le dedico una pequeña sonrisa -Ya estamos por llegar, ¿no?- no estaba apresurada o cansada de caminar, simplemente quería llegar a un lugar tranquilo para poder conversar sin problemas con la chica y así enterarse de lo que había sido de ella luego de diez largos años.
Sam soltó una pequeña risilla y le guiñó el ojo, actuando juguetona y fastidiosa como siempre lo había hecho. -En eso no habrá problema alguno- Jactó orgullosa, haciéndose poseedora de su brazo y tomándolo como si fuese algo de lo más normal. Para ella lo era de todos modos, jamás se había preocupado por el qué dirán, tampoco de los chismosos o de los regaños. Samantha vivía para ella y para nadie más. -¿Sobre mí?- Le miró algo sorprendida mientras caminaba tranquilamente junto a ella por las pobladas y ruidosas calles de Nueva York. -Sí, estoy estudiando enfermería. No podía ser una vaga de por vida- Bromeó, encogiéndose de hombros y echándose a reír otra vez. -No está nada mal, creo que resultará mucho mejor que medicina- Le dedicó una nueva sonrisa, contenta por verle y poder entablar una conversación decente con ella después de tanto tiempo.
Torció la mirada al escuchar su comentario, era como regresar en el tiempo diez años atrás, a aquellos tiempos donde Rebecca solía quejarse con dulzura y Sam hacía el escándalo estúpido y sin sentido. Era divertido como ambas eran tan diferentes en algunos sentidos, pero encajaban perfectamente y podían charlar durante horas sin aburrirse la una de la otra. Esperaba en el fondo de su ser que las cosas continuaran de aquella manera y que esta Becca, algo seria y mucho más popular que antes, pudiera mantener ese lazo que solían tener, atado. -Claro, ya solo queda una cuadra- Comentó buscando el local con la mirada, hasta encontrarlo. -¿Ves? Allá está- Señaló el anterior mencionado con el dedo índice, para luego tomarla de la mano y correr hasta este ya que se veía apresurada por llegar.
(Source: samcollin-s)